Linkolan opera desde 1965, fabricando y comercializando internacionalmente su línea Linkolene: telas planas de pura lana y mezclas con otras fibras.
Durante cinco años, en Segundas Oportunidades nos dedicamos a reciclar saldos, remanentes y descartes de la industria textil. Fue un camino hermoso, pero el mercado fue cambiando: con la apertura de las importaciones, los precios bajaron y el negocio empezó a parecerse cada vez más a comprar y vender barato. Y eso, para nosotros, no alcanzaba.
Porque Segundas Oportunidades nació como un emprendimiento de triple impacto, con el impacto ambiental como pilar. Y vender telas baratas en volumen, por más que el negocio "funcionara", no era coherente con ese propósito. Así que en abril de 2016 tomamos una decisión difícil: cerrar. Sin saber todavía qué vendría después.
Lo que pasó después nos sorprendió a todos. En mayo y junio tuvimos récord de ventas. Fueron semanas de leer, uno por uno, los mensajes de cariño y apoyo que nos llegaban, de armar pedidos junto a Maike, de tomar real conciencia de todo lo que habíamos construido y de cuán lejos había llegado nuestro mensaje: enviamos telas a todos los rincones de nuestro hermoso país.
Como trabajábamos a consignación, a principio de cada mes enviábamos la liquidación de ventas a Linkolan. Cuando les llegó la de ese mes, su respuesta fue inmediata:
"Vos no te podés ir. Pasá por la fábrica el lunes y vemos qué podemos hacer."
Les había avisado que cerrábamos, pero son una familia con la que trabajo desde hace muchos años, a la que respeto y quiero profundamente. Así que el lunes fui a escucharlos.
Nos sentamos a la mesa y su dueño me preguntó:
—¿Qué necesitás?
—No tener costos fijos —respondí.
—Venite a trabajar a la fábrica —me dijo.
Y de golpe, la reinvención que yo sabía que tenía que hacer, me la estaban proponiendo ellos.
Lo pensé mucho. Decidí que seguiríamos comercializando únicamente sus telas: las que más me gustan, las más premium, únicas en nuestro país y en buena parte de Latinoamérica. El propósito volvía a estar claro.
Acordamos trabajar dos semanas al mes —intentando que sean siempre la segunda y la tercera— en formato exclusivamente online.
Gracias, familia Linkolan, por cobijarme como a una hija, por aconsejarme siempre y ayudarme a encontrar la oportunidad donde yo solo veía un cierre.
Seguimos juntos.
Frida Walter